Escena Final Desapariciones Flash-Back

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Anabel se sienta en una mesedora de casa en la radio y la tv pasan el reportaje de la muerte del joven atropellado por salvar aun carro que llevaba un bebé, guiado por dos ciegos.. El esposo se acerca y le dice que Leonor le contó todo sobre el engano. Leonor la sirvienta la estuvo siguendo.

Empiezan a desaparecer de la casa, con un efecto de transición imperceptible todos los elementos de la casa, todos los muebles y trastes, en una se ve al marido despedirse. Al final se queda ella y una silla. En el mismo lugar. A la escena musicalizada se le interlaza a Eduardo haciendo maletas, y escribiendo una carta narrada como sigue, narración que durará hasta la escena final, que es la combinación de la escena del principio.

Pero antes de la sucesión la amiga, del principio le dirá que deberá acceder a otra forma de vida. Anabel se dirigirá a la casa del ciego, se hará un detalle de su mano abriendo la puerta de una casa sola. Y allís e quedará a vivir. Y como empezó el corto terminará.

Con la narración de Eduardo:
No se puede estar en dos lugares a la misma vez, si tuviera un brujula, seguro no apuntaria al norte y al sur al mismo tiempo, si yo no le doy la vuelta. En esta vida, o ves.. o no ves.. lo que sea que suceda tienes que aceptarlo. Y superarlo lo más rapido que puedas. A veces en esta misma vida, la ausencia, lo que no tuvimos es más definitivo en lo cotidiano, se necesita, se vive a diario, que lo siempre tuvimos, que lo que siempre estuvo. Con tal de pasarnos la vida deseando.

Escena X Sueño accidental

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Anabel le dirá a Eduardo que finjan una vida juntos para agradarle a él, porque el le ha dado muchas alegrías. Estará fuera de la casa, lo llamará y le dirá que viva juntos la experiencia.

Anabel:
Me toca hacerte feliz esta vez. Quiero que llevemos a nuestros hijos a la escuela.

Eduardo:
Cuales hijos mujer? Ahora quedaste embarazada

Anabel:
No Eduardo!... quiero que imagines que llevas a Eduardo Junior de la Mano.. y yo llevaré a Anabel Junior en el coche. Vamos a experimentar las calles otra vez. Siempre quisiste tener hijos. Vamos a imaginar por lo menos, lo que la vida nos quita.

Eduardo:
Nunca había sido más feliz, vamos!


Corren Eduaro y Anabel felices aparentando tener hijos por toda la calle. Eduardo vocifera

Eduardo:
Mira esto Dios, mírame!.. soy el hombre más feliz de la tierra, aunque no vea nada!.. aunque mi madre me abandonara, mira Dios mira!, esta es mi vida!.

En una calle de picada, el carro se le sale de control a Anabel y a Eduardo, y es atropellado por un autobús. Un joven, para salvar al bebé, corre en medio del autobús y es atropellado. Eduardo y Anabel, toman el coche y siguen su camino.

Eduardo le insiste a Anabel para que no se detenga. Que no volteara a averiguar nada. Se escucha la voz de alguien gritado, y otra persona declarando la muerte del joven.

Música profunda y escenas lentas en los pasos de Eduardo y Anabel de vuelta a sus casas.

Escena IX Ciega confesión

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Anabel decide visitar la casa de una amiga. La amiga la recibe en su casa, le invita a pasar, se sientan y conversan. La hija tiene un niño pequeño, un bebé.

Amiga:
No puedo creerlo, estás aquí!.. Dios mio, digo que milagro!... No sabes la felicidad que me da verte!... y cuanto te extrañé! Cómo hiciste para estar aquí, que te dejara!... conmigo!... yo no he cambiado eh? seguiré pensando igual porque te quiero, yo te quiero libre, así como estás ahora!

Anabel:¿Me recibes en tu casa entonces?... Amiga?

Amiga: Amiga como no? si nunca fui a verte, porque me decían que siempre estabas dormida!, viéndote me traes a la memoria a mi papá, siempre fue alguien a quien quise muchísimo, pero nunca veía, como a tí, que nunca vienes a verme, que jamás puedo ir a verte, y que ahora estamos aquí!... y mejor disfrutemos de eso... ven siéntate...

Anabel:
No me vas a creer pero yo no tengo ninguna anécdota que contarte. Pero si debo decirte, como respeto al alma, a las historias, no sé, a lo que calme a la gente, esta verdad es más, porque lo necesito.

Amiga: (Ahora calmada totalmente, se fue su risa, se aquieta su felicidad, está preparada para escuchar algo que sabe, pero tampoco quiso reconocer como malo)
Entonces debes contármelo.

Anabel: Acércate. (Le dice, y la amiga se coloca al lado, parejo a ella, con la cara apoyada en el puño y el brazo en la pierna).

¿Nunca te ha pasado, que has iniciado algo que no tenías la intención de terminar, que lo hacías incluso, paso por paso, cada cosa, y siempre te das por enterada de que jamás lo llevarías al final, te pones en pie, caminas, le das la mano, dejas que pase un beso, y de pronto, el sonido de la conciencia te visita, antes que todas las cosas? ¿No te ha pasado que como sueño, sabes bien que sigue siendo pecado, pero una vez ha sucedido no puedes liberarte?..

Amiga:
No te había visto nunca tan feliz, ni decir esas palabras. Sé lo acusador que puede ser la memoria de una traición. Pero nunca traicionaste a quien se merecía ser feliz dentro de ti. Cuando te enfrentas a un problema, tíra a matar a lo que te complique más. El otro día te ví por calle y supe que estabas empezando a cambiar. Y me gusta verte vivir, para eso vinimos a la tierra. No para que te quedes ahí, haciéndole turno a la muerte en una silla, sin caminar, cuando tienes dos piernas.

Anabel:
Necesito un favor además de tu silencio. Es sólo un utensilio para hacer un sueño realidad. Lo necesito. Que me lo prestes.

Amiga:
¿Claro, que quieres que te preste yo?

Anabel:
Un coche.

Escena VIII Fundas negras

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Eduardo le dirá que uno de sus sueños también fue hacer un gran viaje, caminar desorientado por largas horas hasta algún lugar. Hablarán en un banco de la calle.

-Siempre quise caminar por otros lugares. No sólo por lo sitios que conozco por mis manos. Desde niño me perdí varias veces, y pasaban en los boletines de desaparecidos mi cara, hasta en las noticias fui famoso. Muchas personas viendo un ciego perdido, siempre me pareció algo de que morirse de la risa. Quiero que caminemos, sin rumbo, hoy. Quiero ir de la mano contigo. No hay evidentemente, ningún mañana en nuestras vidas.

-Parece que no has escuchado la parábola.. si un ciego guía aotro ciego, lo más probable es que se caigan los dos en un hoyo. ¿ A dónde llegaríamos tu y yo?

-Entonces tengo una idea…


Eduardo comprará dos fundas negras y aunque no se presentará esa acción. Se enfocará a los dos vestidos de fundas negras caminando por la calle. Mientras él le dice:

-Si vamos a caer en un hoyo, hay que estar preparados. Camina.

Se enfoca a los dos caminos por lugares diversos y extrapolados de la capital. Música de fondo, situaciones bonitas, creatividad de la escena. Una es cuando pasan por encima de un hoyo, que tiene una llave de agua en el medio y se llenan de agua los pies. Pero como llevan fundas negras no les pasa nada.

Escena VII Visitas a la casa del ciego

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Anabel sale de su casa, empezará a caminar hasta la casa del ciego. Saldrá de día, y llegará de muy de tarde al lugar. Siguiendo un croquis dibujado por la profesora. Eduardo la recibirá en la puerta. El estaba afuera esperándola. Mirando el curso del viento, para saber la hora. La recibirá y hablarán cerca de la cocina.

-¿Y qué cocinas?
-Queso, a veces, y ... a veces no.
-¿Por qué?
-Porque no hay nada, nada.
- ¿Tu familia?
-Me soltó... (Risa) más le vale, porque era la única forma de aprender a caminar.

Camina por la casa, presumiendo que sabe donde está cada cosa, señalándolas. En un momento de correr choca contra la pared. Ella le dice:
Estás loco Eduardo, totalmente.
-Arggg, (Eduardo se queja del golpe)

Anabel:
-He escuchado eso,... dime que estás bien....
Eduardo:
-Eh.. estoy bien
-Te lastimaste? qué crees que eres?
-Un golpe, es sólo eso, yo me he curado....
-Pero no puedes imaginarte ojos, tienes que tener ojos, tu no tienes ojos, vemos con otras cosas, pero no hay alternativa, .. hay que cuidarnos, ay no sé.


Otro día con otra ropa, camina un poco mejor. Llega a la casa de Eduardo, se acomodan en alguna parte de la casa, es de tarde, casi noche y conversan.

-Y cómo pasó que quedaste ciego?
-Escarcha en los ojos, dijo mi madre, de un cumpleaños.
-Pero eso siempre fue una fábula, nadie podría creerlo.
-Y qué quieres que te diga? Qué Dios permitió que yo fuese así? Que estuvo ahí para verme no ver? A pero yo ví en mundo antes, estaba pequeño, pero dentro de mi siento que las cosas cambiaron drásticamente. Porque no puedo entender la realidad de ahora, por mas que aumente mi imaginación. No puedo entender nada, ni la creación ni al creador.
-A veces creo que estás pagando por ser ateo, te quejas tanto y tienes vida, más que yo!
-Te equivocas, creo de Dios todo lo que hace, de lo contrario sería negarme como ser humano…., yo nunca lo voy a entender, que todo lo que hizo, todo lo que me dejó ser sea para un propósito, y lo encontré!, ...
-Qué encontraste?
-Era cuestión de tiempo, de que me abandonen de muchos años, sólo no acepto que lo de vivir así haya sido para esto. Y que justo nos pase, esta ruda lucha de realidad, porque no vamos a tenernos. Acepto quedarme ciego, acepto ser abandonado por pensar diferente. Cada calamidad de la vida !No tener agua para mañana! No tener ojos! !Perderte,no!, !comprenderlo, no!, !lo siento!.

-Podrías tenerme ahora...
Se enfoca los rostros, música profunda, se desvanece.

En la cama, conversan:
-Sabes cual fue mi mayor sueno? – dice Eduardo
-Cual?
-Llevar a mis hijos a la escuela. Llevarlos al colegio.
-Siempre quise hijos.
PARTE II

Eduardo y Anabel suben las escaleras del puente céntrico de Santo Domingo, en la Ave. John F. Kennedy o 27 de Febrero con Máximo Gómez. +

Eduardo: Quiero que sientas estas alturas, y me digas que puedes ver a través de tus sentidos.

Anabel: Sólo veo energías correr por todos lados, pero no sé distinguir, suena aterrador. Es un mar ahí debajo. Y todos están ahogándose.

Eduardo: Puedo ver dentro de ti, pero tienes que saber que esas energias te visitarán, y tienes que estar preparada para discernirlas, si

quieres vivir.

Anabel: te voy a decir con sinceridad que soy. Antes no tenia ideas de qué era, ni razón para estar viva. Aun sigo construyendo mis ideas.

Pero cada vez que caminé me caí, cada vez que me levanté, alguien me dijo que no debía volver a intentarlo, y yo sentí amor, porque era lo

que entendia, que el amor de mi familia, de mis amigos era protegerme. Cuando me casé, tenía esperanzas de salir del caos que fue vivir con

mis padres, pero nada cambió. Y no cambió porque volví a ser la niña de su madre, a la que cuidaron sus hermanos. Y mi marido encontró en

mi la forma de refugiar lo que no superó nunca. !Qué se muera su tía en sus manos!; !Mi vida ha sido la de otros!, y no puedo, no te

quiero engañar, yo no soporto los días, así como vienen.

Eduardo:
No somos cívicos, no tenemos bandera, nuestro suelo es un laberinto que podría hacernos caer y perdernos, pero nada de eso, podrá si

decides ver por encima de la escarcha que haya entrado a tus ojos, si no quitas la escarcha de tu corazón, probablemente nunca puedas ver.

Anabel:
No sé que es ver, entonces no sé cómo desear algo que no conozco. Nadie me ha descrito que se siente. Y si nadie lo ha hecho es porque

quizá no es especial, para nadie ver, porque tampoco han pensado que significaría perderla. Yo nací ciega, pero tu al menos viste alguna

vez, aunque no recuerdes.

Eduardo:
Cuando te digo ver, me refiero a vivir con tus ojos muertos.
Un año no me alcanzó para ver al mundo y amarlo, porque he olvidado casi todo. Pero de lo poco que recuerdo, siempre ví lo suficiente, era

apenas un niño y mi memoria al menos guarda los colores, y vi moverse el mundo con mis oídos, era un todo, un tanto idescriptible. Nada de

aquellos días me pasaba inadvertido, lo sé, porque vivía en mi pecho, la eterna persecución de lo bello del universo, así era cuando niño,

mis sueños, que tuve cuando era niño. Ver y sentir a mi madre... (suspiro)

Anabel: Nunca podré creer en los espejos, es más, creo que sí el mundo se quedara sin ellos, empezaríamos a mirarnos reflejados en el dolor

de los demás, y aprenderíamos sobre cómo amar, y cuando amar es enfermar a quien quieres. Si este mundo no tuviese espejos, podría pararme

ante una pared, y apreciarme, por opaco que sea el sentimiento. Sentiría, con mis manos, habría menos realidad, menos gente muriendo.

Anabel se recuesta del hombro de Eduardo, apoyado en la baranda. El intentará acariciarla, pero convertirá la caricia en otra acción: la

llevará al centro de las escaleras del puente, el centro de todo, y allí le dirá:

Eduardo:
Vas a girar ahora, y tendrás que enconrtarme

Anabel:
Aquí arriba? puedo sentir el peligro desde aquí, tantas prisas allá abajo y en todos lados, aquí no quiero jugar, ni estar sola, tengo

miedo. No te alejes de mi, te lo ruego, ya no me gusta, me estás dejando aquí...

Eduardo se aleja, Anabel termina girar y está perdida, empieza a llamarlo. El se va alejando sin responder, al final de bajar las

escaleras, le pide a ella, que le busque. Ella desorientada empezará a gritar con pánico y euforia

Anabel: (desde arriba empieza a gritarle)
Donde estás Eduardo, no te distingo, soy una ciega, a penas empiezo a caminar!, no me dejes sola!, qué quieres que haga!, ya no sé a donde

ir!, estoy perdida, me siento a las orillas de la muerte! Tienes que rescatarme, pidele a la gente que nos ayude, acaba con esta maldita

falsa, somos ciegos ! que no podemos vrer!, necesitamos ayuda!,
Donde estás Eduardo?

Eduardo: (grita desde abajo)
No sé ni donde estoy Anabel!
Como voy a saber donde estás si no puedo verte?
A penas puedo escucharte, y esperaba que ya supieras escucharme a mi!
porque así es como te quiero!
te quiero delante de mi!
te quiero ver siempre delante!
Porque yo lo necesito
para mi cordura!
para saber que está bien volver a intentarlo!
te quiero escuchar más que a mi!
para orientarme!
porque así me haces sentir diferente!
así haces sentir que luchar no sólo es por mi!
Te necesito para no estar solo!
y estar cuerdo...
tienes que llegar a mi y no dejarme.. (empieza a llorar y repite la misma oración varias veces pero más callado)

Eduardo se sienta en la acera, perturbado. Escucha las bocinas de los vehículos pitar, le pitan a Anabel que ha descendido por una de las

escaleras, y ha cruzado todas las calles buscándolo. Eduardo siente temor, pero está confiado, Anabel empezó a cruzar las calles por las

orillas de los cuatro caminos del puente, buscando en qué sitio estaba Eduardo. Al final del trayecto cuadrado, porque salió de la esquina

equivocada, lo escuchó con su frase (tienes que llegar a mi, y no dejarme). Se sienta a su lado, le da una bofetada y luego le acaricia:

Anabel:
Ahora estoy aquí para amarte. Se dan un abrazo efusivo, con lágrimas de ciegos. Sentados en la acera de una calle.

Escena VI Llevándola a vivir

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La escena aparece en la puerta, Anabel busca soluciones al problema. El marido la ha dejado ir, pero ella no quiere que Leonor la lleve. Pregunta varias veces qué hora es. Eduardo pasa por el frente de su casa. Hablando en voz alta. Ella lo distingue con el oído, y lo detiene. Le vocifera el nombre.

Anabel:
Señor!, Señor!... soy yo, la que no tiene piernas! Se acuerda de mi!, deténgase por favor!
Eduardo se devuelve a ver quien le llama.

Eduardo:
Hola, puedo ver que sigue sin piernas. Se detiene a tocar la puerta y buscar las piernas.
Anabel:
Necesito que me lleve al salón de clases, por favor, si fuese tan amable.
Eduardo:
Claro, yo le acompaño. Vamos, deje el aparato ahí y caminemos.
Anabel:
Pero no se mucho caminar, a veces me caigo.

Eduardo:
Venga yo la sostengo.

Se muestran escenas de Anabel y Eduardo felices, caminando por la calle. La primera vez que sonríe. Ella falla algunas veces durante su trayecto, porque no sabe caminar. El la ayuda pero no se da cuenta si Anabel se cayó o si está de pie, cuando se sueltan sus manos, es más o menos la instrucción de que debe volver a un camino más seguro. La escena termina en la puerta del instituto, donde le dirá que Eduardo será su profesor particular.

Al llegar al instituto de clases de lecto-escritura, la maestra los verá llegar juntos a través de la ventana. Y le pedirá a Eduardo, que sea el tutor de Anabel. Primero le conversará la situación a Eduardo a parte y luego se lo dirá a Anabel.

Profesora:
Eduardo, … quiero confiar en ti esta encomienda. Serás tutor de Anabel. Espero que aceptes. No es una tarea fácil, ustedes se comprenden mejor. Además creo que le hace falta aprender a vivir diferente. Sabes de lo que hablo. Salir de su cuadrado de vida, … y tus energias el ayudarán mucho.

Eduardo:
Pero no sé si quiera, ella aun no tiene piernas, y si no se decide a tenerlas, no caminará.

Profesora:
Creo que ella está interesada en aprender nuevas cosas. Déjame preguntarle.

La profesora trae de manos a Anabel, al sitio donde está hablando con Eduardo y le dice.

Profesora:
Anabel, creo que en este momento necesitas conocer tus habilidades corporales, crear consciencia de lo que sí funciona de tu cuerpo, y poner eso en línea con tus pensamientos. Creo que hay alguien que podría ayudarte. Quisiera que inicies una convivencia más directa con él. Que sea tu tutor personal. Es Eduardo.

Anabel:
Temo, me temo, que no sé si tengo libertades más alla que las de venir a este curso. Nunca puedo salir, me caería en todas partes. Quisiera aprender nuevas cosas pero no tengo libertad.
Profesora:
Tu libertad está prisionera de tus miedos, y si quieres vivir, debes empezar a dejar de temer, lo que sí puedes controlar.
Eduardo:
Tendrá que llegar caminando a mi casa. Es mi condición.

Escena V Rebelde al final de la cena

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Terminan la cena. Anabel se para de la mesa y se va a una habitación, se lleva unas sábanas y unas almohadas y un bloque de lecto-escritura. El esposo se para en la puerta de la habitación vacía y le pregunta:

Alejandro:
¿Qué se supone que haces ahora?

Anabel:
Pienso quedarme aquí dos días encerrada. Y no pienso salir hasta que sucedan dos cosas y te lo digo calmadamente, amor, para que me ames cuando no pueda sobrevivir: No vuelvo a salir con Leonor a ninguna parte. Y voy a salir a alguna parte. Este mismo viernes empiezo a aprender a leer con un grupo de personas que sí me entienden. Voy a convencerte, o a morirme. Eso haré. Quien me llevará? No lo sé, esa silla tiene dos ruedas y yo dos piernas que hace tiempo no uso. Espero que no toques esta puerta, ni me dirijas la palabra. Hasta que pase, que sea me muera, o te quites de en medio y me dejes vivir.