Escena VII Visitas a la casa del ciego

Posted: by Jairon Francisco in
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Anabel sale de su casa, empezará a caminar hasta la casa del ciego. Saldrá de día, y llegará de muy de tarde al lugar. Siguiendo un croquis dibujado por la profesora. Eduardo la recibirá en la puerta. El estaba afuera esperándola. Mirando el curso del viento, para saber la hora. La recibirá y hablarán cerca de la cocina.

-¿Y qué cocinas?
-Queso, a veces, y ... a veces no.
-¿Por qué?
-Porque no hay nada, nada.
- ¿Tu familia?
-Me soltó... (Risa) más le vale, porque era la única forma de aprender a caminar.

Camina por la casa, presumiendo que sabe donde está cada cosa, señalándolas. En un momento de correr choca contra la pared. Ella le dice:
Estás loco Eduardo, totalmente.
-Arggg, (Eduardo se queja del golpe)

Anabel:
-He escuchado eso,... dime que estás bien....
Eduardo:
-Eh.. estoy bien
-Te lastimaste? qué crees que eres?
-Un golpe, es sólo eso, yo me he curado....
-Pero no puedes imaginarte ojos, tienes que tener ojos, tu no tienes ojos, vemos con otras cosas, pero no hay alternativa, .. hay que cuidarnos, ay no sé.


Otro día con otra ropa, camina un poco mejor. Llega a la casa de Eduardo, se acomodan en alguna parte de la casa, es de tarde, casi noche y conversan.

-Y cómo pasó que quedaste ciego?
-Escarcha en los ojos, dijo mi madre, de un cumpleaños.
-Pero eso siempre fue una fábula, nadie podría creerlo.
-Y qué quieres que te diga? Qué Dios permitió que yo fuese así? Que estuvo ahí para verme no ver? A pero yo ví en mundo antes, estaba pequeño, pero dentro de mi siento que las cosas cambiaron drásticamente. Porque no puedo entender la realidad de ahora, por mas que aumente mi imaginación. No puedo entender nada, ni la creación ni al creador.
-A veces creo que estás pagando por ser ateo, te quejas tanto y tienes vida, más que yo!
-Te equivocas, creo de Dios todo lo que hace, de lo contrario sería negarme como ser humano…., yo nunca lo voy a entender, que todo lo que hizo, todo lo que me dejó ser sea para un propósito, y lo encontré!, ...
-Qué encontraste?
-Era cuestión de tiempo, de que me abandonen de muchos años, sólo no acepto que lo de vivir así haya sido para esto. Y que justo nos pase, esta ruda lucha de realidad, porque no vamos a tenernos. Acepto quedarme ciego, acepto ser abandonado por pensar diferente. Cada calamidad de la vida !No tener agua para mañana! No tener ojos! !Perderte,no!, !comprenderlo, no!, !lo siento!.

-Podrías tenerme ahora...
Se enfoca los rostros, música profunda, se desvanece.

En la cama, conversan:
-Sabes cual fue mi mayor sueno? – dice Eduardo
-Cual?
-Llevar a mis hijos a la escuela. Llevarlos al colegio.
-Siempre quise hijos.
PARTE II

Eduardo y Anabel suben las escaleras del puente céntrico de Santo Domingo, en la Ave. John F. Kennedy o 27 de Febrero con Máximo Gómez. +

Eduardo: Quiero que sientas estas alturas, y me digas que puedes ver a través de tus sentidos.

Anabel: Sólo veo energías correr por todos lados, pero no sé distinguir, suena aterrador. Es un mar ahí debajo. Y todos están ahogándose.

Eduardo: Puedo ver dentro de ti, pero tienes que saber que esas energias te visitarán, y tienes que estar preparada para discernirlas, si

quieres vivir.

Anabel: te voy a decir con sinceridad que soy. Antes no tenia ideas de qué era, ni razón para estar viva. Aun sigo construyendo mis ideas.

Pero cada vez que caminé me caí, cada vez que me levanté, alguien me dijo que no debía volver a intentarlo, y yo sentí amor, porque era lo

que entendia, que el amor de mi familia, de mis amigos era protegerme. Cuando me casé, tenía esperanzas de salir del caos que fue vivir con

mis padres, pero nada cambió. Y no cambió porque volví a ser la niña de su madre, a la que cuidaron sus hermanos. Y mi marido encontró en

mi la forma de refugiar lo que no superó nunca. !Qué se muera su tía en sus manos!; !Mi vida ha sido la de otros!, y no puedo, no te

quiero engañar, yo no soporto los días, así como vienen.

Eduardo:
No somos cívicos, no tenemos bandera, nuestro suelo es un laberinto que podría hacernos caer y perdernos, pero nada de eso, podrá si

decides ver por encima de la escarcha que haya entrado a tus ojos, si no quitas la escarcha de tu corazón, probablemente nunca puedas ver.

Anabel:
No sé que es ver, entonces no sé cómo desear algo que no conozco. Nadie me ha descrito que se siente. Y si nadie lo ha hecho es porque

quizá no es especial, para nadie ver, porque tampoco han pensado que significaría perderla. Yo nací ciega, pero tu al menos viste alguna

vez, aunque no recuerdes.

Eduardo:
Cuando te digo ver, me refiero a vivir con tus ojos muertos.
Un año no me alcanzó para ver al mundo y amarlo, porque he olvidado casi todo. Pero de lo poco que recuerdo, siempre ví lo suficiente, era

apenas un niño y mi memoria al menos guarda los colores, y vi moverse el mundo con mis oídos, era un todo, un tanto idescriptible. Nada de

aquellos días me pasaba inadvertido, lo sé, porque vivía en mi pecho, la eterna persecución de lo bello del universo, así era cuando niño,

mis sueños, que tuve cuando era niño. Ver y sentir a mi madre... (suspiro)

Anabel: Nunca podré creer en los espejos, es más, creo que sí el mundo se quedara sin ellos, empezaríamos a mirarnos reflejados en el dolor

de los demás, y aprenderíamos sobre cómo amar, y cuando amar es enfermar a quien quieres. Si este mundo no tuviese espejos, podría pararme

ante una pared, y apreciarme, por opaco que sea el sentimiento. Sentiría, con mis manos, habría menos realidad, menos gente muriendo.

Anabel se recuesta del hombro de Eduardo, apoyado en la baranda. El intentará acariciarla, pero convertirá la caricia en otra acción: la

llevará al centro de las escaleras del puente, el centro de todo, y allí le dirá:

Eduardo:
Vas a girar ahora, y tendrás que enconrtarme

Anabel:
Aquí arriba? puedo sentir el peligro desde aquí, tantas prisas allá abajo y en todos lados, aquí no quiero jugar, ni estar sola, tengo

miedo. No te alejes de mi, te lo ruego, ya no me gusta, me estás dejando aquí...

Eduardo se aleja, Anabel termina girar y está perdida, empieza a llamarlo. El se va alejando sin responder, al final de bajar las

escaleras, le pide a ella, que le busque. Ella desorientada empezará a gritar con pánico y euforia

Anabel: (desde arriba empieza a gritarle)
Donde estás Eduardo, no te distingo, soy una ciega, a penas empiezo a caminar!, no me dejes sola!, qué quieres que haga!, ya no sé a donde

ir!, estoy perdida, me siento a las orillas de la muerte! Tienes que rescatarme, pidele a la gente que nos ayude, acaba con esta maldita

falsa, somos ciegos ! que no podemos vrer!, necesitamos ayuda!,
Donde estás Eduardo?

Eduardo: (grita desde abajo)
No sé ni donde estoy Anabel!
Como voy a saber donde estás si no puedo verte?
A penas puedo escucharte, y esperaba que ya supieras escucharme a mi!
porque así es como te quiero!
te quiero delante de mi!
te quiero ver siempre delante!
Porque yo lo necesito
para mi cordura!
para saber que está bien volver a intentarlo!
te quiero escuchar más que a mi!
para orientarme!
porque así me haces sentir diferente!
así haces sentir que luchar no sólo es por mi!
Te necesito para no estar solo!
y estar cuerdo...
tienes que llegar a mi y no dejarme.. (empieza a llorar y repite la misma oración varias veces pero más callado)

Eduardo se sienta en la acera, perturbado. Escucha las bocinas de los vehículos pitar, le pitan a Anabel que ha descendido por una de las

escaleras, y ha cruzado todas las calles buscándolo. Eduardo siente temor, pero está confiado, Anabel empezó a cruzar las calles por las

orillas de los cuatro caminos del puente, buscando en qué sitio estaba Eduardo. Al final del trayecto cuadrado, porque salió de la esquina

equivocada, lo escuchó con su frase (tienes que llegar a mi, y no dejarme). Se sienta a su lado, le da una bofetada y luego le acaricia:

Anabel:
Ahora estoy aquí para amarte. Se dan un abrazo efusivo, con lágrimas de ciegos. Sentados en la acera de una calle.

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