Escena IX Ciega confesión
Posted: by Jairon Francisco in
0
Anabel decide visitar la casa de una amiga. La amiga la recibe en su casa, le invita a pasar, se sientan y conversan. La hija tiene un niño pequeño, un bebé.
Amiga:
Amiga:
No puedo creerlo, estás aquí!.. Dios mio, digo que milagro!... No sabes la felicidad que me da verte!... y cuanto te extrañé! Cómo hiciste para estar aquí, que te dejara!... conmigo!... yo no he cambiado eh? seguiré pensando igual porque te quiero, yo te quiero libre, así como estás ahora!
Anabel:¿Me recibes en tu casa entonces?... Amiga?
Amiga: Amiga como no? si nunca fui a verte, porque me decían que siempre estabas dormida!, viéndote me traes a la memoria a mi papá, siempre fue alguien a quien quise muchísimo, pero nunca veía, como a tí, que nunca vienes a verme, que jamás puedo ir a verte, y que ahora estamos aquí!... y mejor disfrutemos de eso... ven siéntate...
Anabel:
No me vas a creer pero yo no tengo ninguna anécdota que contarte. Pero si debo decirte, como respeto al alma, a las historias, no sé, a lo que calme a la gente, esta verdad es más, porque lo necesito.
Amiga: (Ahora calmada totalmente, se fue su risa, se aquieta su felicidad, está preparada para escuchar algo que sabe, pero tampoco quiso reconocer como malo)
Entonces debes contármelo.
Anabel: Acércate. (Le dice, y la amiga se coloca al lado, parejo a ella, con la cara apoyada en el puño y el brazo en la pierna).
¿Nunca te ha pasado, que has iniciado algo que no tenías la intención de terminar, que lo hacías incluso, paso por paso, cada cosa, y siempre te das por enterada de que jamás lo llevarías al final, te pones en pie, caminas, le das la mano, dejas que pase un beso, y de pronto, el sonido de la conciencia te visita, antes que todas las cosas? ¿No te ha pasado que como sueño, sabes bien que sigue siendo pecado, pero una vez ha sucedido no puedes liberarte?..
Amiga:
No te había visto nunca tan feliz, ni decir esas palabras. Sé lo acusador que puede ser la memoria de una traición. Pero nunca traicionaste a quien se merecía ser feliz dentro de ti. Cuando te enfrentas a un problema, tíra a matar a lo que te complique más. El otro día te ví por calle y supe que estabas empezando a cambiar. Y me gusta verte vivir, para eso vinimos a la tierra. No para que te quedes ahí, haciéndole turno a la muerte en una silla, sin caminar, cuando tienes dos piernas.
Anabel:
Necesito un favor además de tu silencio. Es sólo un utensilio para hacer un sueño realidad. Lo necesito. Que me lo prestes.
Amiga:
¿Claro, que quieres que te preste yo?
Anabel:
Un coche.
